Día 6 Reyes y rayos magos
Y siguen las sorpresas musicales, anoche de despedida
visitamos la casa de la Trova en Bayamo para conocer a Chacho y sus muchachos.
Van de los 82 el mas mayor a los 75, con uno de 60 y dos veinteañeros. Lo
curioso de este grupo de son del oriente, es que uno de los instrumentos es el
acordeón. Había incluso un maestro de ceremonias que recibía a la gente, les
daba la bienvenida, presentaba las canciones y lo decía todo en dos idiomas.
Además sacaba a bailar a las alemanas desustanciadas y animaba a que diéramos
palmas. Un fenómeno.
En la mañana se presentó nuestro transporte a Santiago. 124
km sobre un chevrolet del año 50, forrado en rojo, con volante de citröen y
motor Hunday. Solo es original el chasis y la carrocería. Viaje cómodo hasta
que a 12 km se ha parado. Una de las mangueras que alimenta el diesel se zafó.
Cabia la posibilidad que hubiera entrado aire y que tuviéramos que purgar, pero
ha sido leve. Lo curioso es que no trae abrazadera en ninguna de las mangueras
o Presillas, como les dicen ellos. Han sido 3 horas de viaje por un muy bonito
paisaje con el telón de la Sierra Maestra de fondo.
Llegamos a Hartman 357, dirección de la casa donde
estaremos por los próximos 5 días. Un poco de acojono si me ha dado, ya desde
fuera se escuchaba una salmodia, que se acrecentó en volumen ya una vez dentro.
En una esquina del comedor, sobre el suelo, un negro de cabeza pelada, removía
tierras de colores mientras cantaba, recitaba, gruñía o lo que fuera que
estuviera haciendo. Una mirada mas detenida en el entorno te devolvía una
decoración recargada en santos, figuras, cuadros de cristos dolientes, negras
zumbonas con pañuelo a la cabeza y muebles muy bonitos de la bisabuela con
quinqués que esparcían una luz cálida. Este escenario desemboca en un profuso
jardín con muebles de ratan pintados de azul celeste y otros de hierro pintados
de amarillo.
El jardín de Casa Colonial Maruchi
La habitación tiene gusto. Por fin alguien que no pone un
trapo de nylón de colores a modo de colcha. Baño grande y nuevo. Lo mejor hasta
ahora.
Salimos en busca de comida, en la zona en la que estamos
escasean los restaurantes así que vamos al del hotel Casa Granda. Tienen la
terraza llena y nos invitan a pasar al bar.
Hay grupo.
-
Hola, ustedes son los Guanches????
Ella abre los ojos y pone cara de sorpresa
-
Y usted como lo sabe?
-
Afuera hay un cartel muy grande anunciándolos y
porque tengo un disco de ustedes editado en México por Corasson.
Todos ponen cara de sorpresa, gusto y placer.
Están tocando para solo 3 mesas que comen pizza y hablan,
los únicos que si les prestan atención somos nosotros y también comemos pizza.
La ciudad es irregular, con calles empinadas. Bajamos hacía
el puerto donde se encuentra la estación de ferrocarril.
Escuchamos que alguien toca una placa de metal y que nos
sigue, lo esperamos para preguntarle que vende y es maní.
Y el cántico famoso……ya no tengo voz y todo el mundo
reconoce ya el ruido. Ya se perdió el
Maní, manisero, maní, caserita no te vayas a dormir sin comerte un cucurucho de
maní.
El manisero se renueva pero pierde románticismo
La ciudad es fea, caótica, sucia y desmadrada. La estación de
trenes la definiremos en los mismos términos.
Algún lomo de alto calibre
Afilador








