miércoles, 6 de enero de 2016

Día 6 Enero. Bayamo a Santiago.





Día 6 Reyes y rayos magos
Y siguen las sorpresas musicales, anoche de despedida visitamos la casa de la Trova en Bayamo para conocer a Chacho y sus muchachos. Van de los 82 el mas mayor a los 75, con uno de 60 y dos veinteañeros. Lo curioso de este grupo de son del oriente, es que uno de los instrumentos es el acordeón. Había incluso un maestro de ceremonias que recibía a la gente, les daba la bienvenida, presentaba las canciones y lo decía todo en dos idiomas. Además sacaba a bailar a las alemanas desustanciadas y animaba a que diéramos palmas. Un fenómeno.

En la mañana se presentó nuestro transporte a Santiago. 124 km sobre un chevrolet del año 50, forrado en rojo, con volante de citröen y motor Hunday. Solo es original el chasis y la carrocería. Viaje cómodo hasta que a 12 km se ha parado. Una de las mangueras que alimenta el diesel se zafó. Cabia la posibilidad que hubiera entrado aire y que tuviéramos que purgar, pero ha sido leve. Lo curioso es que no trae abrazadera en ninguna de las mangueras o Presillas, como les dicen ellos. Han sido 3 horas de viaje por un muy bonito paisaje con el telón de la Sierra Maestra de fondo. 



  Llegamos a Hartman 357, dirección de la casa donde estaremos por los próximos 5 días. Un poco de acojono si me ha dado, ya desde fuera se escuchaba una salmodia, que se acrecentó en volumen ya una vez dentro. En una esquina del comedor, sobre el suelo, un negro de cabeza pelada, removía tierras de colores mientras cantaba, recitaba, gruñía o lo que fuera que estuviera haciendo. Una mirada mas detenida en el entorno te devolvía una decoración recargada en santos, figuras, cuadros de cristos dolientes, negras zumbonas con pañuelo a la cabeza y muebles muy bonitos de la bisabuela con quinqués que esparcían una luz cálida. Este escenario desemboca en un profuso jardín con muebles de ratan pintados de azul celeste y otros de hierro pintados de amarillo.
                                      El jardín de Casa Colonial Maruchi


La habitación tiene gusto. Por fin alguien que no pone un trapo de nylón de colores a modo de colcha. Baño grande y nuevo. Lo mejor hasta ahora.
Salimos en busca de comida, en la zona en la que estamos escasean los restaurantes así que vamos al del hotel Casa Granda. Tienen la terraza llena y nos invitan a pasar al bar.
Hay grupo.
-          Hola, ustedes son los Guanches????
Ella abre los ojos y pone cara de sorpresa
-          Y usted como lo sabe?
-          Afuera hay un cartel muy grande anunciándolos y porque tengo un disco de ustedes editado en México por Corasson.
Todos ponen cara de sorpresa, gusto y placer.
Están tocando para solo 3 mesas que comen pizza y hablan, los únicos que si les prestan atención somos nosotros y también comemos pizza.


La ciudad es irregular, con calles empinadas. Bajamos hacía el puerto donde se encuentra la estación de ferrocarril.
Escuchamos que alguien toca una placa de metal y que nos sigue, lo esperamos para preguntarle que vende y es maní.
Y el cántico famoso……ya no tengo voz y todo el mundo reconoce ya el ruido.  Ya se perdió el Maní, manisero, maní, caserita no te vayas a dormir sin comerte un cucurucho de maní.
 
                                           El manisero se renueva pero pierde románticismo

La ciudad es fea, caótica, sucia y desmadrada. La estación de trenes la definiremos en los mismos términos. 

                                                                  Algún lomo de alto calibre

                                                       Afilador

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