martes, 8 de diciembre de 2015

Prolegómenos de un viaje a Cuba -2-






                                                   Mirada furtiva 

Eva se fue ayer a Miami, según ella tenía que comprar unas cremas, cerrar una cuenta en un banco gringo y salvar unas millas de American Airlines que debía usar antes de fin de año o las perdía. Yo me levante un poco perdido, sin ella y todo el día para rellenar con quehaceres ficticios, ¿qué hago? Ah, ya sé, me voy al centro histórico, paseo por la calle de Donceles, 5 de Mayo, Madero, me voy de Museos y para compensar tanto gasto calórico en caminar, decido comer en el  Cardenal y como no sienta igual de bien comer solo que en buena compañía me comunico con Jaime y por suerte, en una ciudad tan extensa como esta,  coincidimos en el espacio, el está tomando fotos para el museo Franz Mayer a dos cuadras del Palacio de Bellas Artes, donde yo estoy.

                                                                 Calle de la Moneda
                                                                     A un lado del Templo Mayor


Quedamos a comer a las 2:30 en este santuario de la cocina Mexicana (con mayúsculas) que es El Cardenal. Mientras fuerzo el tiempo para que las 2:30 se acerquen lo antes posible, desembarco en el metro Zócalo, subo las escaleras con el corazón bombeando a todo  lo que puede y no por la emoción si no por la puta altura de esta ciudad y lo primero que veo son las cúpulas de la catedral difuminadas por la niebla producto de la polución que asola esta ciudad.

 

                                                 Catedral envuelta en la niebla de Anhídridos y Nitritos



 La edad a veces es un plus, viajo gratis en el metro y hoy entré sin pagar al museo del Antiguo Colegio de  San Ildefonso, edificio que data de 1572 con sus sucesivas reconstrucciones hasta llegar a la maravilla que es hoy. Primero vi 140 fotos de la fundación Bank Of América, una colección sin sustancia salvo un par de instantáneas y luego pasé al segundo piso a ver la obra de Jorge Marín, un escultor que usa la madera, el plástico y la cera. 



                                                                   Virgen orando en el trapecio



 El tiempo corría despacio, así que me caminé toda la calle de Donceles, donde está el teatro de la ciudad y el mayor número de librerías  de lance que aquí se denominan “librerías de viejo”.
Volví sobre mis pasos, ahora por la calle de Madero, hoy en día paseo peatonal, donde mil y una voces se confunden con el rumor citadino, desde los que anuncian donde graduarse la vista hasta los que te invitan a tomar dos litros de cerveza por el precio de uno. La ciudad desborda vitalidad y siempre rodeado de muchas personas, en la acera, entrando y saliendo de las tiendas, manadas y manadas de seres humanos que solo se pueden encontrar en macrópolis como esta.
Por fin son las 14 horas, ya está más cerca la hora de la ingesta de alimentos, frente a una tienda de trajes me encuentro con Jaimito y raudos nos encaminamos hacía el restaurante. Al entrar nos piden el nombre de la reserva y nos recuerdan que hemos llegado con 15 minutos de adelanto a lo que Jaime contesta
-          Ah, entonces todo lo que comamos en estos 15 minutos es gratis ¿ verdad?
No entienden la ironía y nos llevan a nuestra mesa que curiosamente es la misma mesa en la que nos sentaron ahora hace dos años a Eva y A mí el día de nuestra boda.
El menú ha sido sensacional salmón ahumado con aderezo de cochinita pibil como entrante y como platos principales “Manchamanteles de cordero “ para Jaime y una “Lengua molcajeteada” para mí. Tenía la cantidad justa de picante para adormecerme las papilas gustativas y en cambio no perforarme el esófago. 

                                                               Jaime en plena degustación

Con las cervezas y el vinito se nos calentó el hocico y hemos terminado la sobremesa en el Gallo de Oro, una cantina a la mas vieja usanza.

                                                              A las puertas de la cantina




El día lo hemos completado visitando 2 horas antes de lo previsto, a Alfredo que hoy cumplía 45 años ¡Que bisoño! Al ser los primeros en llegar a la fiesta nos hemos visto recompensados con más alcohol. Luego han ido llegando chicas conocidas de antaño y muchas más desconocidas. De camino a su casa nos topamos con este mural llamado “Bailo al son que me toquen”

                                                            Mural en la colonia Doctores

                                                En casa de Alfredo (amigo y exvecino)

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